Salud y Consumo
Partículas asesinas dentro de casa
Estudios científicos recientes han demostrado que las toxinas de tabaco permanecen en el aire desde días hasta meses, incluso después de que el humo y el olor aparentemente se hayan disipado. Además concluyen que no existe un nivel seguro con respecto a la exposición al humo, ya que estas toxinas se adhieren a las partículas de polvo que existen en cualquier casa o lugar público.
Once de los 250 componentes del humo del tabaco están considerados dentro de los cancerígenos del primer grupo, lo cual significa que son totalmente dañinos. Por mencionar algunos de estos gases, químicos y metales pesados, tenemos al cianuro, que es utilizado en armas químicas; al monóxido de carbono, el mismo que sale por los escapes de los coches; al arsénico, muy usado en pesticidas; al plomo, componente químico de las pinturas; al cromo, miembro de la fórmula del acero; al cadmio, utilizado en baterías, y al altamente radioactivo polonio-210.
En casi todo el mundo las etiquetas en las cajetillas de cigarrillos advierten sobre los riesgos de impotencia, daño fetal, nacimientos prematuros, cáncer, enfermedades cardiacas, enfisema, daños bucodentales. Sin embargo, estudios recientes documentan que 5.000 fumadores pasivos mueren al año en España, una cifra muy alta a pesar de estas campañas anti-tabaco.
Para completar el obscuro panorama, ahora existe una nueva clasificación de fumador pasivo, el llamado de “tercera generación”, que es quien se ve expuesto a estas partículas incluso en ambientes considerados libres de tabaco porque no se fuma dentro de ellos.
Si usted fuma fuera de casa o es un fumador pasivo en algún lugar público, las partículas tóxicas del humo del tabaco se impregnan en su ropa y cabello así que en cuanto entra en contacto con su bebé, niños o cualquier persona adulta que no fume serán ellos quienes sufrirán la acción directa de éstas.
Los más jóvenes son especialmente susceptibles a ser fumadores de tercera generación ya que su ritmo respiratorio es más rápido que el de los adultos, por lo tanto inhalarán mayor cantidad de partículas en menos tiempo.
Ser fumador de tercera generación es altamente arriesgado, el círculo se cierra y aunque las medidas sanitarias y preventivas progresen, la única solución viable y realmente efectiva para terminar con la existencia de estas amenazas a la salud y riesgos mortales por consumo de tabaco es sólo cuestión de sentido común: “Hay que dejar de fumar definitivamente”.
Por Reyna Arenas
martes, 24 de febrero de 2009
SOBRE LAS CESÁREAS
Sanidad ha diseñado un plan para reducir la tasa nacional de cesáreas. / EL MUNDO
Si se está planteando adelantar la llegada de su bebé y someterse a una cesárea programada sopese cuidadosamente con su ginecólogo si existe una razón médica de peso que aconseje un parto quirúrgico. Y, si finalmente optan por esta intervención, retrásenla todo lo posible.
Es la recomendación que lanzan los autores de una investigación que acaba de concluir que los problemas respiratorios se multiplican en los bebés nacidos mediante cesáreas electivas, es decir, realizadas antes de salir de cuentas sin una indicación clara, en comparación con aquellos alumbrados vaginalmente o por una cesárea de urgencia una vez iniciado el parto.
Los motivos últimos de este fenómeno se desconocen pero, según el trabajo que publica esta semana la edición on line del British Medical Journal, las complicaciones asociadas a la cesárea programada podrían atribuirse a la ausencia de la actividad hormonal y los cambios fisiológicos que se desencadenan durante el parto. Cuando éste se produce de forma espontánea, el feto responde a la rotura de las membranas con un aumento del nivel de catecolaminas, moléculas que estimulan la liberación de surfactante, una sustancia esencial para que la función respiratoria del neonato sea correcta.
Este mecanismo no se produce si la cesárea se lleva a cabo antes del inicio del parto. De hecho, otros estudios han demostrado niveles más bajos de catecolaminas y cambios en la función pulmonar en bebés alumbrados mediante bisturí respecto a los nacidos de forma natural.
El nuevo estudio revisó los datos de 34.000 bebés sanos, nacidos con una edad gestacional de entre 37 y 41 semanas, y comparó la salud respiratoria de los llegados mediante cesárea programada y aquéllos previstos para parto vaginal (incluidos los que finalmente nacieron gracias a un corte abdominal practicado de urgencia). Tras descartar algunos factores maternos que pueden provocar alteraciones respiratorias en los neonatos (la edad, el peso, el consumo de tabaco o alcohol...) se comprobó que la tasa de problemas pulmonares (distrés, hipertensión pulmonar persistente, taquiapnea transitoria u otros más graves que requieren respiración asistida) se incrementaba cuanto más se adelantaba la cesárea y se reducía si se dilataba el paso por el quirófano.
Así, en comparación con los niños nacidos de forma espontánea, el riesgo se cuadriplicaba si la cirugía se practicaba en la semana 37 de gestación (10% respecto a 2,8%), se triplicaba en la 38 (5% respecto a 1,7%) y todavía se duplicaba (2,1% frente al 1,1%) aunque se aguantara hasta la 39. El efecto nocivo de la cesárea se mantuvo, y se detectaron pequeñas diferencias en contra de esta opción, incluso al analizar de forma aislada los embarazos considerados de bajo riesgo.
MÁS INFORMACIÓN
La recomendación de los autores es clara: es preciso informar a las mujeres de la existencia de estas complicaciones, ya que, en ocasiones, son ellas mismas las que demandan la cirugía. En el estudio, realizado en Dinamarca, 788 mujeres adelantaron su parto por decisión propia. Y hacen también un llamamiento para retrasar en lo posible el momento de la cesárea, ya que, aún posponiéndola a la semana 39, hubo un aumento del riesgo. Los resultados de este estudio se suman a los de otros que han ido dando cuenta de que la incisión abdominal no es una forma benigna de dar a luz, ni para la madre ni para el recién nacido, salvo que exista una indicación clara (sufrimiento fetal grave, sangrado vaginal severo, rotura uterina, muerte materna...).
Hace unas semanas, otro trabajo publicado en la misma revista, que analizó más de 97.000 partos (34% por cesárea y 66% vaginales), concluía que el uso del bisturí de forma electiva no sólo duplicaba el riesgo de que la madre sufriera complicaciones y falleciera, sino que incrementaba la mortalidad en el feto, salvo que viniera de nalgas. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el número de cesáreas no debería rebasar el 15%, naciones como Australia y EEUU rondan el 30%, y España exhibe una cifra similar.
Si se está planteando adelantar la llegada de su bebé y someterse a una cesárea programada sopese cuidadosamente con su ginecólogo si existe una razón médica de peso que aconseje un parto quirúrgico. Y, si finalmente optan por esta intervención, retrásenla todo lo posible.
Es la recomendación que lanzan los autores de una investigación que acaba de concluir que los problemas respiratorios se multiplican en los bebés nacidos mediante cesáreas electivas, es decir, realizadas antes de salir de cuentas sin una indicación clara, en comparación con aquellos alumbrados vaginalmente o por una cesárea de urgencia una vez iniciado el parto.
Los motivos últimos de este fenómeno se desconocen pero, según el trabajo que publica esta semana la edición on line del British Medical Journal, las complicaciones asociadas a la cesárea programada podrían atribuirse a la ausencia de la actividad hormonal y los cambios fisiológicos que se desencadenan durante el parto. Cuando éste se produce de forma espontánea, el feto responde a la rotura de las membranas con un aumento del nivel de catecolaminas, moléculas que estimulan la liberación de surfactante, una sustancia esencial para que la función respiratoria del neonato sea correcta.
Este mecanismo no se produce si la cesárea se lleva a cabo antes del inicio del parto. De hecho, otros estudios han demostrado niveles más bajos de catecolaminas y cambios en la función pulmonar en bebés alumbrados mediante bisturí respecto a los nacidos de forma natural.
El nuevo estudio revisó los datos de 34.000 bebés sanos, nacidos con una edad gestacional de entre 37 y 41 semanas, y comparó la salud respiratoria de los llegados mediante cesárea programada y aquéllos previstos para parto vaginal (incluidos los que finalmente nacieron gracias a un corte abdominal practicado de urgencia). Tras descartar algunos factores maternos que pueden provocar alteraciones respiratorias en los neonatos (la edad, el peso, el consumo de tabaco o alcohol...) se comprobó que la tasa de problemas pulmonares (distrés, hipertensión pulmonar persistente, taquiapnea transitoria u otros más graves que requieren respiración asistida) se incrementaba cuanto más se adelantaba la cesárea y se reducía si se dilataba el paso por el quirófano.
Así, en comparación con los niños nacidos de forma espontánea, el riesgo se cuadriplicaba si la cirugía se practicaba en la semana 37 de gestación (10% respecto a 2,8%), se triplicaba en la 38 (5% respecto a 1,7%) y todavía se duplicaba (2,1% frente al 1,1%) aunque se aguantara hasta la 39. El efecto nocivo de la cesárea se mantuvo, y se detectaron pequeñas diferencias en contra de esta opción, incluso al analizar de forma aislada los embarazos considerados de bajo riesgo.
MÁS INFORMACIÓN
La recomendación de los autores es clara: es preciso informar a las mujeres de la existencia de estas complicaciones, ya que, en ocasiones, son ellas mismas las que demandan la cirugía. En el estudio, realizado en Dinamarca, 788 mujeres adelantaron su parto por decisión propia. Y hacen también un llamamiento para retrasar en lo posible el momento de la cesárea, ya que, aún posponiéndola a la semana 39, hubo un aumento del riesgo. Los resultados de este estudio se suman a los de otros que han ido dando cuenta de que la incisión abdominal no es una forma benigna de dar a luz, ni para la madre ni para el recién nacido, salvo que exista una indicación clara (sufrimiento fetal grave, sangrado vaginal severo, rotura uterina, muerte materna...).
Hace unas semanas, otro trabajo publicado en la misma revista, que analizó más de 97.000 partos (34% por cesárea y 66% vaginales), concluía que el uso del bisturí de forma electiva no sólo duplicaba el riesgo de que la madre sufriera complicaciones y falleciera, sino que incrementaba la mortalidad en el feto, salvo que viniera de nalgas. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el número de cesáreas no debería rebasar el 15%, naciones como Australia y EEUU rondan el 30%, y España exhibe una cifra similar.
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